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BUIT D'ESTELS

DE MÁGIA, ELIPSES Y BESOS

Hay personas especiales que entran en nuestra vida, a veces de puntillas y casi sin avisar, y otras que lo hacen como un huracán, aparecen de repente cuando menos te lo esperas, pasan deprisa y lo arrasan todo. Pero son "especiales" porque hay una conexión mutua que supera lo explicable.

Martí y yo, nos conocimos hace años. Ambos recordamos todavía ese primer día, y aunque la vida nos ha cambiado y no nos vemos a menudo ha quedado gravado en nuestra memoria esa tarde en la que nos conocimos. Pienso que en ese preciso instante un polvo de estrellas unió nuestras vidas para siempre, aunque también separó nuestros destinos. Estamos condenados a amarnos cíclicamente, pero siempre en silencio y de forma platónica.

La atracción nació desde el principio, y esa química se va renovando en ambos pero con frecuencias desacompasadas. "La vida no nos deja libres al mismo tiempo"-le digo. Pero me mira y ambos sabemos que cuando no es el uno es el otro el que queda enmarañado en la tela de araña de nuestros recuerdos.
Sí, nuestra conexión platónica pasa grandes periodos ivernando, pero un día despierta y regresa al encuentro. Encuentros llenos de magia, sacados de cuentos de hadas, en los que por unos momentos inventamos historias casi perfectas de cómo seria "estar juntos". Nos divierte fantasear con un espacio común y secreto, en el centro los dos, nos miramos, no hay barreras, ni fronteras, ni problemas... Fantástico... El canto de sirena nos tienta pero no nos ha vencido. Ambos sentimos la llamada del mar, el uno en el otro, el otro en el uno, pero lo nuestro se ha convertido ya en una leyenda "de lo que hubiese y pudiese haber sido". Es tan perfecta, que da miedo romperla.

Son casi cinco años ya, de deseo controlado, de locura lúcida, de "promesas" de estar a la espera de ese mañana que quizá nos una, aunque sea un breve instante... pero entre ambos existe el pacto de no forzarlo, de que debe ser un regalo, brindado por el propio destino...

De todo este amor sólo ha nacido un beso. Un beso inocente robado al tiempo, un suave roce de labios, fugaz como un sueño. Yo lo recuerdo como una caricia, como un susurro. Un acto irrefrenable que me ayudó a vencer el fantasma de un algo siempre incompleto. Para él ha sido "el beso más corto en durada pero más largo en efecto" remomerando y deseado "tanto dormido como despierto".

La araña que ronda la tela se ha despertado una vez más, esta vez ha sido en él, mientras la mía continúa dormida y se mece en la leyenda del "amigo especial". No es el momento -le digo- "mi araña descansa y no quiere despertar. Vivimos en esferas conjuntas pero en momentos descompensados. Mi circulo por el momento anda cerrado".

Él -triste- me dice: "la magia está en el misterio, no lo cierres" "no hace falta escribir leyes perdería el encanto" "Recuerda que donde la gente normal hace círculos yo hago elipses" y puntualiza "la figura cerrada regular que tarda más en cerrar".

Nos despedimos con un "Nos vemos pronto" y aunque sabemos que no hemos concretado la fecha nos vamos tranquilos sabiendo que ese momento llegará.
Por el momento el seguirá con su novia y yo buscando mi lugar.
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